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Otros usos de ARPANET

09-08-2008 Comunicaciones y contactos

Este veranillo, te vamos a invitar a una ración diaria de píldoras tecnológicas por si tienes que enfrentarte a un quiz test informático a traición y librarte así de pagar la ronda en el chiringuito playero. Estáte atento, porque al final de la serie haremos un concurso de cultura tecnológica de cara al SIMO y nuestros XVI Premios PC Actual

¿SABÍAS QUE...? (#148)

El correo electrónico fue una de las aplicaciones que humanizó la utilización de Internet. Hemos de tener en cuenta que la aplicación inicial de ARPANET era la comunicación entre universidades para compartir recursos de forma remota y ayudar a los científicos en sus investigaciones. Pero, pronto, los primeros usuarios, aquellos que diseñaron este sistema, se dieron cuenta de que sus usos podían ir más allá del ámbito profesional. Dicen las «malas lenguas» que uno de las primeras comunicaciones remotas cuya temática iba más allá de la propia Red fue enviada por un científico de UCLA (EEUU) a uno de sus compañeros en Inglaterra. Tras la asistencia a una conferencia en este país, donde habían habilitado un enlace vía satélite, olvidó su máquina de afeitar y requería que algún compañero se la devolviera a su regreso. Aunque lejos de ser el primer correo electrónico, todavía empleaban el sistema de teletipos, sí quedó patente que la red experimental ARPANET podía servir para muchas cosas.

 

Hacia los años 60, casi la totalidad de los computadores de tiempo compartido disponían de un curioso sistema mediante el cual los usuarios, informáticos con horarios imprevisibles que pasaban madrugadas frente a sus terminales, podían enviarse mensajes. Sin duda, éste era de lo más espartano: un fichero contenía los correos de un usuario y dos programas permitían su lectura y escritura. Obviamente, tan sólo era posible la comunicación entre los usuarios de una misma computadora.

 

Fue Tomlinson (Cambrigde) quien ingeniosamente modificó estas aplicaciones para combinarlas con otra empleada para la copia de ficheros entre diferentes máquinas a través de una red. También él se encargó de escoger un signo de puntuación que se utilizara para distinguir entre el nombre de usuario y el equipo al que pertenecía. En el teclado de su Teletype modelo 33 aparecían varios, decantándose por la famosa arroba. Este carácter, que en inglés puede leerse como «at» (la preposición «en») se convertiría en todo un símbolo de Internet y la revolución digital.

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