Instalé Linux hace algo más de un año y veo que los programas que tengo ya se han quedado desfasados. Me gustaría saber si es fácil migrar a una versión más reciente o si puedo al menos instalar las versiones actuales de paquetes como Firefox u OpenOffice
PCA responde:
Muchas distribuciones pueden ser actualizadas desde la versión inmediatamente anterior. Esto no representa ningún problema aunque hayan aparecido ya varias ediciones, salvo por la incomodidad que supone, porque sólo es necesario bajar de Internet las versiones intermedias e ir actualizando sucesivamente de la más vieja a la inmediatamente posterior. Es el caso, por ejemplo, de Ubuntu y Debian. Si todos los programas que tenemos instalados son oficiales, este proceso es sencillo y totalmente automático. De hecho, el sistema es prácticamente el mismo que para mantener actualizada la distribución, salvo que hay que lanzarlo explícitamente en lugar de ejecutarlo periódicamente. Pero si lo que queremos es cambiar de distribución resulta más complicado.
Afortunadamente, hoy en día a la hora de instalar cualquier distribución de GNU/Linux la mayor parte de la configuración del sistema es automática y la personal (mensajería, correo, ficheros personales, etc.) puede pasarse de un sistema a otro con escasa probabilidad de incidencias. En esta tesitura lo más cómodo es dejar el directorio /home en una partición aparte. La inmensa mayoría de las distribuciones sólo ofrecen actualizaciones críticas y de seguridad, por lo que no encontraremos, por ejemplo, una actualización de Firefox 1.5 a 2.0, sino que si hay fallos de seguridad en la versión 1.5 se parcheará. Este es un tema muy discutido, porque no es lógico que para actualizar aplicaciones como Firefox u OpenOffice haya que esperar a que salga una nueva versión de la distribución y actualizarlo todo.
Para quien desee paquetes totalmente actualizados hay distintas soluciones. Una opción es que los propios programas se actualicen, como hace la versión original de Firefox (los de las distribuciones están parcheados para no actualizarse automáticamente, sino mediante paquetes de la distribución) o las aplicaciones Java Webstart. Una pega de este sistema es que el software sólo debería ser instalable/modificable por el administrador. Es una mala política de seguridad que un programa pueda sobrescribirse a sí mismo.
Otras soluciones pasan por recurrir a repositorios no oficiales, una filosofía muy sencilla, más fácil incluso que Windows a la hora de instalar programas y mantenerlos actualizados. Los repositorios oficiales, sin embargo, al no estar soportados no suelen actualizarse al cambiar la versión de la distribución, ni ofrecen las mismas garantías de seguridad. Problemas parecidos suponen soluciones como autopackage, que permite instalar y actualizar paquetes al margen de la distribución. Estas ideas resultan prometedoras por permitir que los paquetes los mantenga directamente el creador del software y no se dependa de la distribución para tener las últimas versiones. Sin embargo, no han cuajado, ya que a la mayor parte de los usuarios parece gustarles más que sea una única parte la que ofrezca una selección de programas útiles, mantenga todos los paquetes y garantice que se integren bien. Precisamente, una diferencia frente a Windows, un sistema en el que los usuarios tienen que «buscarse la vida» y Microsoft sólo actualiza sus programas.
En http://polishlinux.org/linux/the-future-of-packaging-software-in-linux aparecen distintos sistemas para instalar paquetes al margen de los de la distribución y sin entrar en conflicto con ellos. No obstante, la mayor parte de estas soluciones no aportan actualizaciones automáticas ni permiten compartir las librerías entre aplicaciones para ahorrar memoria. Entre las alternativas más interesantes está Zero Install, que además usa una sandbox, aunque no demasiado segura. En Debian, una alternativa es usar paquetes de la distribución «inestable», pero el mayor problema es que para actualizar un programa obliga a actualizar muchos otros y usar unas librerías y sistema base poco estables. Otra opción es usar una distribución sin versiones, como Arch (www.arch linux.org), que está siempre actualizada con paquetes recientes, pero estables.
Además, hay un repositorio unstable para las últimas versiones de los paquetes, aunque no están lo suficientemente probadas para reemplazar a las estables. También hay distribuciones que siguen con el modelo basado en versiones periódicas, pero durante la vida de una de ellas hay actualizaciones de las aplicaciones a la última estable en lugar de limitarse a correcciones críticas. Es el caso, por ejemplo, de Mepis Linux. El inconveniente de este tipo de distribuciones, especialmente de Arch, es que no son adecuadas para muchos usos en empresas, pues no existe la posibilidad de quedarse en una versión probada de un sistema base y sólo actualizar errores críticos y de seguridad. En Arch hay que apuntar, además, que su filosofía difiere de la de otras distribuciones: trata que un usuario avanzado tenga todo el control, y por ello descarta algunas herramientas de configuración, fáciles de usar pero un tanto opacas.
La solución ideal sería una distribución evolutiva, con versiones estable y certificada para cada paquete, como se propone en http://chemaper. blogspot.com/2007/08/distribuciones-evolutivas.html. La versión certificada sería aquella que sólo se actualiza para corregir errores críticos y de seguridad (el actual modelo de la mayor parte de las distribuciones), mientras que la estable se actualizaría con la última versión fiable del paquete mientras no se rompa la compatibilidad binaria ni se precisen versiones de paquetes distintos a la certificada. Una aproximación a este modelo lo ofrecen Debian y Ubuntu mediante los backports, que son actualizaciones de paquetes portadas de versiones más recientes de la distribución, sin tocar ningún otro paquete del sistema. Sin duda, una gran idea poco explotada, por lo que es necesario también que estos paquetes se consideren totalmente oficiales.